El investigador sueco de la Universidad de Uppsala, doctorado en el Oxford Internet Institute, especializado en política y ética de la inteligencia artificial, es autor de “The Afterlife of Data” (El más allá de los datos), publicado por University of Chicago Press y elegido uno de los mejores libros de 2024 por “Nature”, “The Guardian” y “The Economist”, en el que plantea que los datos que dejamos en internet después de morir son un campo de poder político: quien los controle controlará la memoria colectiva y la narrativa histórica de nuestra época. Está terminando su próximo libro, “Gods of Data: An Atheist Critique of AI” (Dioses de datos: una crítica atea de la inteligencia artificial), en el que argumenta que cuando interactuamos con un modelo de lenguaje estamos interactuando con una personificación del pasado digital de la sociedad, estructuralmente equivalente a lo que en sentido antropológico llamamos un dios. En esta conversación advierte que en las próximas décadas morirán dos mil quinientos millones de personas dejando atrás una huella digital sin precedentes, y que quien controle esos datos controlará la memoria colectiva. Sostiene que la IA no es una inteligencia del futuro, sino una personificación del pasado, y que delegar decisiones al algoritmo nos priva de algo esencial. Sobre Argentina como laboratorio de la IA sin regulación, sentencia que desregular no es libertad: “Es simplemente el reemplazo de un tipo de estructura de poder por otro”. Leer más